Letras y Cuentos de mi Sangre: amor
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jueves, 8 de noviembre de 2012

Vos y yo, como en los cuentos

Querido,


Hay realidades más mágicas que otras y hay historias que sólo se viven en un libro. También hay personas que viven su realidad como si estuvieran "dentro" de un libro, sin ser por ello necesariamente fuga o inmadurez.

En ocasiones, es posible convertir la propia vida en una obra de arte... un libro, inclusive. O al menos hacer una obra de arte de algún instante preciado, como si fuera un renglón en una página maravillosa.  Eso, MI AMOR, son tus besos para mí. 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Tus besos

Si un día no estuvieras es probable que me pusiera a reflexionar, acurrucada en algún lugar oscuro, entre copas...

¿Dónde van a parar las cosas o personas que no están más con nosotros? Los besos... Besos especiales que no eran ni tan sólo suaves (pero eran suaves y delicados como una alfombra persa), ni tan sólo apasionados (pero urgían de pasión como un espada en la batalla), besos pequeños y gigantescos pero, sobre todo, con sabor a paraíso.

Si son los besos la puerta del alma, los voy a extrañar para siempre. Sin protestar. No como un tesoro perdido sino como un paisaje maravilloso del cual he extraviado la dirección, el lugar adonde un día (¿el último día?) quisiera regresar.

jueves, 9 de junio de 2011

Gracias

Para vos que sos mi TODO.



Te amo, te odio (traducción)

(ella)
Quisiera huir de ti
Pero si te dejo... moriria.
Quisiera romper las cadenas
que pusiste a mi alrededor
Y sin embargo,
nunca lo intentaré...

(él)
No importa lo que hagas,
me vuelves loco.
Prefiero estar solo...
Pero se que mi vida estaría vacía
apenas te vayas.
Me es imposible vivir contigo
Pero nunca jamás podria vivir sin ti.

(ambos)
Hagas lo que hagas
Nunca, nunca, nunca
quisiera enamorarme
de nadie que no seas tú.

(ella)
Me entristeces,
Me fortaleces,
Me vuelves loca,
Me haces esperarte

(ambos)
Me haces vivir,
Me haces morir,
Me haces reir
Me haces llorar por ti

Te odio, te amo,
Luego te amo y después te odio
Y al fin te amo más.
Hagas lo que hagas
Nunca, nunca, nunca
quisiera enamorarme
de nadie que no seas tú.

(él)
Me tratas mal, me tratas bien,
Me dejas ser
Me haces pelear contigo

(ella)
No podría vivir sin ti

(él)
Me elevas, me dejas caer

(ambos)
Me haces libre
Me obligas a estar contigo

Te odio, te amo,
Luego te amo y después te odio
Y al fin te amo más.
Hagas lo que hagas
Nunca, nunca, nunca
quisiera enamorarme
de nadie que no seas tú.

Te amo...

jueves, 26 de mayo de 2011

Caminando



Juntos vamos caminando
Por las calles de la vida,
Vamos tomados del brazo
Porque tú eres muy niña.

Caminando, caminando,
Tú me cuentas tus pesares.
Caminando, caminando
Yo he empezado a enamorarme.

Si el Destino nos separa
Mi brazo ha de estar vacío,
Caminando por las calles
Vagaré ya sin alivio.

Juntos vamos caminando
Por las calles de la vida,
Vamos tomados del brazo
Porque tú ya no eres niña.

Caminando, caminando,
Me cuentas tus alegrías.
Caminando, caminando
Te entrego la vida mía.

6 de Agosto de 1957

jueves, 19 de mayo de 2011

Tres cigarrillos

Otoño suntuoso, el viento solemne susurra un Te Deum.

Una noche hermosa. Acaban de chatear ávidamente. Más abrigado que de costumbre, Mateo recorre las calles desiertas en busca del único que puede darle una mano. Se trata de... llamémoslo Fabrizio, un... "Solucionólogo". Vive en la calle, acurrucado en un fogón resplandeciente que desafía el frío y el desamparo. Sus "pequeñas estrellas", como él llama a las chispas bienhechoras.

-¿Qué te trae por acá?

Mateo le cuenta, a través de la bufanda, la reciente conversación. Comparten un cigarrillo, el primero. Y, tras una larga pausa (los Solucionólogos suelen tomarse un tiempo...) dice Fabrizio:

-¡Bien! Ella ha vuelto a la vida. Por lo que me contaste en otros viajes, hacía falta un milagro... Empezamos bien, el milagro ya se ha instalado.
-Pues, sí. Ahora se anima a hablar de "vacaciones" y "noches en compañía"... ¡Es realmente un milagro!
-¿Quién lo hubiera dicho...? Ni yo apostaba al milagro y, si hubiera apostado... qué lástima... hubiera apostado... ¡un tarro de dulce de leche!

Fabrizio mira con simpatía el pequeño fogón y revuelve un poco las brasas.

-Seguro que ahora, cada vez que recibe un mensaje se irrita si no acarrea el nombre adorado. Si conoceré yo esa emergencia...
-Pero entonces... ¿qué te preocupa, Mateo?

-Su MIEDO.

-¿Miedo de qué? ¿Los enamorados tienen miedo?

-Algo de su miedo me ha contado. Que el sapo, que el ogro...

-Mateo -dijo el Solucionólogo- al igual que en las fábulas de reinados y estanques, tu Princesa tiene miedo pues el miedo oculta el dolor.

-¿Qué dolor?

-El dolor de la ausencia.

-¿Cómo sabés que me ha descrito una historia de ausencia?

-Ah... El amor está teñido de ausencias. Aunque estén a centímetros de distancia... es como el aire que no se puede dejar de respirar. El amor nos hace cometer locuras. Yo las hubiera cometido todas, de haber tenido dinero.


Entonces Fabrizio escribió en un papelucho manchado: "MIEDO, LOCURA, MUERTE" y lo arrojó a la fogata, que lanzó un penacho de luz. Luego, al calor del segundo cigarrillo, retomó la palabra:

-El miedo es un freno a la hora de tomar decisiones. Qué alivio disponer de una barrera que nos evite los grandes dilemas ¿no te parece? Miedo a equivocarse, a ilusionarse o incluso a decepcionarse. Temer ser tonto porque uno ha idealizado al otro excesivamente.
-¿Qué puedo decirte, Fabrizio? Sabés cuánto la quiero. La cuido, aún sin que ella lo sepa, en todas las paradas de colectivo.

-Decile que sueñe sin límites, que sienta sin rubor y... que escriba. En este período de distancia, las palabras no son enemigas sino amables cómplices. Que haga... una HOJA DE RUTA. Sí, eso le va a quitar el miedo.


Fumaron el tercer cigarrillo y Mateo se zambulló en las calles oscuras procurando, esa noche, soñar con ella.



viernes, 13 de mayo de 2011

No llegas



Esperé que llegaras
Y las horas pasaron
Con lentitud de años.
La aguja vi marchar,
Se hizo de noche
Y ya oscurece.
Supe que no vendrías
Y, como un pobre paria,
Sólo supe llorar.

20 de Marzo de 1955

sábado, 9 de abril de 2011

Jamás estaremos separados



Porque si un mundo de personas me rodeara,
Los sentiré a mi lado.
Así me encontrara en medio de los montes
Jamás estaríamos separados.
Porque muchas veces recordarán ustedes
Todos aquellos momentos que pasamos,
Aunque hoy haya distancia entre nosotros,
Jamás estaremos separados.
Porque hay sólo un final definitivo,
Que es la sombra, la muerte, que es la nada,
Confiemos el futuro que Dios marca,
Esperando el reencuentro de mañana.

26 de Octubre de 1972

domingo, 27 de marzo de 2011

Amor

Sólo quisiera, Amor, poder sembrar de rosas tu camino para que así encuentres en la vida la felicidad que templa los caracteres humanos.

Quizá hoy sea temprano para que consigas comprenderme, pero ten la absoluta seguridad que un día, sabrás apreciar en todos sus valores mi actitud que hoy, a veces, quizá no alcances a comprender.

Sólo he de procurar siempre hacerte feliz, sin dañarte en nada; mas para ello es necesario que tú sepas ser una verdadera amiga y, por sobre todas las cosas, seas totalmente sincera, al igual que yo soy para contigo.

No te pido recompensa alguna, sólo que como amiga sabrás tú reconfortarme, si espiritualmente me vieras en algún momento desfallecer.

Quisiera siempre verte contenta, con la alegría y la esperanza que dan los años juveniles, yo haré para que puedas conseguirlo y logres así aquello que te falte, Fe, Esperanzas, Fuerzas e Ilusiones.

Soy tu amigo y puedes confiar en mí; juez será Dios y testigo de mis actos, mi hijo, que cuando tú le conozcas querrás que sea también un poquito tuyo.

Y ahora te digo:

Mas, tú tienes una pena…
¿Cuál es esa pena extraña?
Confía en mí, que no quiero
Ver en tus ojos más lágrimas.
Ven pedacito de Cielo,
No calles una palabra,
Soy tu amigo y te prometo,
Si es preciso, darte el alma.
No hagas más eso que hiciste…
Siempre tu cabeza alta,
Tú y yo debemos unirnos
En una sola mirada.

8 de Agosto de 1960

domingo, 1 de agosto de 2010

Elena



Porque te llamas Elena,
Maldito nombre de pila,
Que cuando te conocí
Supuse que serías
Comienzo de mi desgracia
Y final de mi alegría.
Ya ves, no me equivoqué,
Me gustaste y te di
Mi alma, que más valía,
Pero te la di tan limpia
Que tú por llamarte Elena
La maltratas y la pisas.

5 de Agosto de 1957

domingo, 20 de junio de 2010

Los hijos de Pirundín y el Milagro

Los hijos de Pirundín vivían siempre con el recuerdo de los años de su infancia, entre las charlas que ellos tenían y cuando hablaban con sus compañeros de colegio, siempre tocaban el tema de todo aquello que para sus pequeñas cabecitas no dejaba de ser una aventura.

Recordaban el nombre de los perros que ataban al trineo: Lobo, Gaucho, Júpiter, León y Colita que hacía punta de tiro con Piter, ellos eran sus amigos; con ellos habían corrido muchas veces juntos por medio de la nieve, con ellos habían afrontado juntos todos los peligros que la tierra cubierta de nieve esconde a cada paso.

En una noche de invierno en que la nieve caía en forma intensa como pequeños copos de algodón, los niños se acostaron temprano. Mamá había encendido un hermoso fuego en la chimenea y mientras les arreglaba la ropita de ellos la conversación de los tres se refería al hermoso recuerdo de papá Pirundín. Papá, aquel hombre cariñoso y bueno que sentía pasión por los peligros del desierto blanco, aquel padre que por haber nacido entre la nieve no conocía otra actividad más que la que había aprendido desde muy chico, cazar lobos, vender sus pieles y pasar las noches de frío interminablemente largas, escuchando tan solo el silbar del viento sobre el techo de su casa y pensar en sus hijos, en su mujer, en el futuro.

Los niños se durmieron. Mamá seguía con sus tareas de arreglar la ropa y tejía para papá Pirundín un grueso tapado de lana que estaba a punto de terminar y le llevarían en pocos días más pues cada quince días iban a visitarle y pasar dos o tres días en su compañía.

De repente el niño mayor se despertó al momento que pegaba un grito fuerte que asustó a mamá, contó entonces que había soñado que papá Pirundín estaba en peligro.
Mamá le conformó diciéndole que sólo había sido un sueño que no podía tener ningún sentido de realidad, el niño se volvió a dormir pero de allí en más su sueño fue intranquilo, se movía a cada rato y despertaba con bastante continuidad.

Al día siguiente los dos hermanitos salieron para el colegio como lo hacían todos los días, pero tan pronto en cuanto llegaron a la esquina de la casa, el niño mayor que tenía ya nueve años, contó a su hermanito de ocho años, el sueño que había tenido la noche anterior. Así fue como los dos se pusieron de acuerdo, decidieron ir a ver como estaba papá Pirundín, cualquier fuera el sacrificio que debieran realizar, para llegar hasta esos bastante lejanos sitios y con todos los riesgos inclusive de que tanto papá como mamá se disgustaran mucho y les pegaran una buena paliza.

Desde ya la aventura no era nada graciosa y menos aún fácil pese al gran conocimiento que ellos tenían de esos lugares. Fue así como treparon al cerro que separaba la ciudad del camino hacia el desierto y, al subir a la parte más alta sintiéndose más cerca del Cielo, más cerca de Dios, rezaron y pidieron que Dios no los dejara de proteger.

Dios no abandona a los bien intencionados, Dios no castiga ni a los que se equivocan ni a los que pecan, siempre que la conciencia del hombre lleve consigo la intención de realizar un bien para los demás y así los hermanitos, hijos de Pirundín, a poco de caminar en la superficie fría de la blanca nieve vieron que en la misma dirección que ellos llevaban, lejos aún, venía un trineo. Dios lo había dispuesto así u ese trineo que en poco rato estaba al lado de ellos pertenecía a la guardia de fronteras, gente que conocía a los niños y a Pirundín.

Cuando estos les contaron el sueño del hijo mayor y sus deseos de saber cómo estaba su papá, fueron invitados en forma inmediata a subir al trineo para llegar a la casa del padre.

No fue mucho lo que tardaron en llegar y sí fue muy grande la sorpresa que recibieron tan pronto entraron en la choza de Pirundín. Éste estaba en el suelo acostado sobre una alfombra de cuero de oso blanco que había frente al poco fuego ya que quedaba de la estufa; estaba casi congelado de frío, una pierna en la que había recibido un fuerte golpe no le permitía levantarse.

Cuando los guardias que llevaban a los chicos ayudaron a Pirundín a reponerse y, después que los niños habían removido las brasas de la estufa y colocado varios grandes troncos de madera, el fuego calentaba nuevamente la choza de papá. Éste contó lo que había ocurrido. Al caer la tarde como lo hacía todos los días había salido a recorrer y preparar las trampas para cazar a los lobos y una fuerte tormenta se desencadenó a su regreso, el trineo volcó y un fuerte golpe en la pierna y en la cabeza lo dejaron inconciente, como muerto, durante dos horas tirado sobre la nieve. Cuando pudo recuperar el conocimiento estaba casi helado, congelado y como pudo, más arrastrándose que de pie, enderezó el trineo y volvió a la choza, pero al llegar las fuerzas ya no lo sostenían y así llegó lo más cerca que pudo de la estufa que fue como lo habían encontrado.

Sin lugar a dudas, el ángel guardián del nene de Pirundín le había llevado un mensaje de Dios que lo recibió en un sueño, sin lugar a dudas de no mediar la decisión de los hermanitos de ir a ver a su papá, Pirundín habría muerto congelado por el frío y la soledad, pero Dios una vez más había realizado un milagro y con él los hermanitos hijos de nuestro buen amigo se transformaban en pequeños grandes héroes salvadores del propio padre, que ya entonces sólo había pensado que quizá era ese el momento final para su vida.

Cuando los niños regresaron llevados por el trineo de los guardias, mamá no supo cómo expresar su alegría y su orgullo por lo que sus hijos había realizado, los abrazó fuerte a los dos juntos y sólo pudo decirles gracias, ya no debo tener más miedo de nada pues mis niños ya actúan como hombres y así les dio un montó de besos a cada uno y les preparó la cena. Y ese día comieron perdices y a mí no me dieron porque no quisieron.

jueves, 27 de mayo de 2010

Te quiero



Ya que tengo que morir porque no es inevitable,
Quiero morir por tu amor, deja que tu amor me mate.
Yo quiero morir así, quiero morir adorándote,
Quiero vivir el martirio de desprecios que me haces.
Te quiero, te quiero y ya no podrás separarte,
Eres parte de mi vida, estás siempre en mí delante,
Es soñar con tus amores, es pensar e idealizarte,
Es vivir sólo un martirio no verte por un instante.
Dichosa tú que consigues de esta forma dominarme.
Bendita seas para mí, más que mujer eres mártir,
Eres luz en mis tinieblas; eres, mi vida, sangre.
Como tal, te necesito e imprescindible te haces
Frente de mi inspiración, dulce cantar de cantares,
Madero al que me aferré perdido en inmensos mares,
Luz que guías mi destino, ángel que puedes salvarme,
No te niegues ni me huyas, déjame siempre adorarte,
Que un día habrá muerto ya el amor que despertaste
Y quedarán mis poemas, aquellos que tú inspiraste,
Bogando así a la deriva y tú habrás de recordarme
Y quizá por tu mejillas bajen lágrimas, llorándome.

29 de Agosto de 1957

lunes, 15 de marzo de 2010

Ayer te vi


Ayer cruzaste mi camino, nena,
Y hoy ya te siento como adherida a mí.
Es tan grande el dolor que me rodea
O es que tú llevas la pasión en ti.
Ayúdame a salvar este dilema,
Ayúdame a pensar y comprender,
Ayúdame a aliviar toda mi pena,
Ayúdame que yo te ayudaré.
Ayer te he visto por la vez primera
Y hoy me siento nuevamente renacer.
Ayer te vi y hoy rodeado en gracia plena
Me siento, por haberte visto ayer.
Cómo tú conseguiste contagiarme
Esas ansias que tienes de vivir.
Cómo fue que pudiste penetrarme
Cuando ansiaba tan sólo yo morir.
Ayúdame a vivir este momento,
Ayúdame a salvar este dolor,
Ayúdame a llevar mi cargamento,
Ayúdame a salvar todo mi amor.
Ayer cruzaste mi camino, nena,
Y hoy me siento de nuevo sonreír.
Si tú supieras la dicha que me dieras,
Quedarías para siempre junto a mí.

15 de Setiembre de 1957

miércoles, 3 de febrero de 2010

Si alguna vez



Si alguna vez tú me llamas
Para que yo esté a tu lado
Y en cambio yo de acercarme,
Ves que me alejo de ti,
No pienses que no hay cariño
En mi pecho acumulado,
Y sí piensa que en la vida
Quiere uno a veces morir.
Cuando pueda contagiarte
De mi espíritu alegría,
He de llegar a tu lado
Para así verte feliz.
Pero cuando yo no tenga más
Que una carga de pena
He de correr a esconderme
Para no hacerte sufrir.

10 de Agosto de 1956

domingo, 27 de diciembre de 2009

El parque grande



Cierra los ojos un instante y piensa.
Ubícate en el grande ventanal de tu estancia,
Enfrente el parque grande
¿Lo ves, lo recuerdas?
Cubierto de flores muestra su arrogancia.
Buenos Aires pasa, caminando, lenta,
Perfumes y flores, alegría y tristeza.
Es la primavera que recién comienza
Y que yo con pena la contemplo bella.
El parque se encuentra cubierto de flores,
Los pájaros pían formando sus nidos
Y yo estoy solo y enfermo de amores,
Mil veces reniego del destino mío.
Cierro yo los ojos un instante y pienso.
Alguien a mi lado recoge una flor.
Se ha puesto a mi vera, me da una sonrisa
Y luego me ofrece sus hermosos labios
Cargados de amor.

24 de Setiembre de 1956

lunes, 21 de diciembre de 2009

Una y mil noches… un amor de ensueño

Probablemente no se tocan desde hace meses. No se hablan. Conviven por inercia, por parálisis, con sabor a sequía.

Quizá Inés se despierta una noche, sobresaltada. Miguel, a su lado, glacial, escucha a regañadientes los sollozos.

Podría decirse que Diana ha tenido una horrible pesadilla y entonces, entre lágrimas, catapulta sus recuerdos. Se interrumpe así un silencio de meses seculares y Santiago no podría dejar de escucharla.

El sueño ha sido, seguramente, atroz. Laura, cubierta por un llanto que transforma en atrayente su obstinada fealdad, debe contar: “Eran tres hombres. Me perseguían en una callecita oscura. Yo corría desesperada y empezaba a perder mis ropas”. Alberto indudablemente trata de consolarla, con éxito raleado.

“Tres hombres”, gime Alicia. “Tres hombres encapuchados y robustos”. En una de ésas, Osvaldo, con inusual ternura, espía de reojo la frágil espalda de su compañera.

“Era en la esquina abandonada de Balcarce y Garay. Reconocí los escombros”, grita Ana. “No tenía escapatoria”.
“¡¡¡¿Balcarce y Garay?!!!”, estalla casi infaliblemente Adolfo. “Cuando me despertaste, yo estaba soñando justo con esa esquina maldita, siniestra. Vos corrías como una loca, huyendo de unos desalmados, casi desnuda. Por suerte llegaba yo y te salvaba”.

Susana, entonces, respira aliviada. Se adormece mientras Marco vela su marino abandono.

Carlos y María ya no se separan. A pesar de la orgullosa frialdad que mantienen de día, posiblemente por las noches continúan soñando un capítulo cada uno, completando así una historia de amor como pocas.

S.S. (Adaptación)

domingo, 20 de diciembre de 2009

Corazón herido



Todo aquello pasó
Y ya no queda
Más que en mi mente
Un sueño confundido.
Pudo ser de otra forma,
Para que en noble pecho,
No latiera por siempre
Un corazón herido.

25 de Mayo de 1955

jueves, 10 de diciembre de 2009

Cuánto tardas


Cuánto tardas, amada,
En llegar a mi lado.
Prométeme que nunca
Volverás a partir
Y que siempre, por siempre
Estarás a mi lado,
Pues, mi vida querida,
Sin ti no sé vivir.

14 de Octubre de 1954

jueves, 3 de diciembre de 2009


Tú me diste un día, cuando vine,
Tu ternura, tu amor y tu esperanza.
Yo te he dado mi alma pero enferma
Y tú debes, mujer, abandonarla.
Si alguna vez me encontraras dormido
Y ese sueño las manos me hubiera enfriado,
No me despiertes, trata de no hacer ruido,
Que ese sueño lo había yo deseado.

10 de Febrero de 1954

martes, 10 de noviembre de 2009

La espera


Fue sólo escuchar tu voz y transformarme al instante.
¡Qué terrible pesadilla! ¡Qué amor tan grande, tan grande!
Que sólo tu voz implica lanzar lágrimas de sangre.
Pasé después de aquel día un torbellino de espanto,
Nadé en mares de licores, viví en nubes de tabaco,
Luego quedé adormecido, como aquél que está esperando.
¿Qué esperaba? Sólo verte, sólo verte y escucharte.
Decirte, te quiero mucho, jamás podré olvidarte.

28 de Agosto de 1960

lunes, 12 de octubre de 2009

Muerto el amor



Muerto estaba mi amor;
Sobre su tumba mis flores le arrojé,
Sin pensar que una sola que brotara
Le haría renacer.
Y renace el amor y en él ponemos
La misma fuerza y toda la ilusión.
¡Oh! Si vuelve a morir, cuánto destrozo
Le podemos hacer al corazón.

2 de Mayo de 1957