Letras y Cuentos de mi Sangre

domingo, 30 de septiembre de 2007

El niño del portal


En una noche de invierno junto al portal guarecido
Encontré a un niño pequeño muerto de hambre y de frío.
“Una moneda, por Dios” fueron las palabras del niño.
“Hoy nadie me ha dado nada, soy huérfano y no tengo a nadie,
Y mi casa es el camino”.
Se me cerró la garganta, sentí opresión en el pecho,
Quedé en silencio sumido
Y mil ideas hilvanaban todas juntas mis sentidos.
No sé qué tiempo pasó, tiempo es medición de vida,
De alegría, sufrimientos, de verdades y mentiras,
Y cuando el tiempo nos marca del mundo sus herejías,
Es un tiempo sin valor, no tiene objeto la vida.
Pensé con dolor profundo, es triste a veces el destino.
Dios, tú que eres la bondad, cómo abandonas a un niño.
¿Cómo te llamas? Le dije
Contestó “no tengo nombre, señor,
Yo no conocí a mis padres, tampoco dónde he nacido”.
Con sentimiento profundo, con el alma dolorida,
Para mirarlo a la cara me lo llevé hasta la esquina.
El reflejo que emanaba de una lámpara encendida
Me mostró de sus ojos la cruel verdad de la vida.
Pensé al mirar esos ojos llenos de odio y dolor
¡Qué triste estrella te guía!
Cómo pretender no exista tanto odio, tanto rencor,
Si a veces el cruel destino sólo nos da lo peor.
Se me nublaba la vista, pensé en todo lo peor,
Y mis hijos en mi mente bailaban en derredor.
Destino, triste destino, qué injusto, ¿a dónde vas?
¡Que nunca a uno de mis hijos lo puedan así encontrar!
Pensé, si en mi casa cabe, si la vida nos dio dos,
Aún nos quede un lugarcito para prodigar este amor.
Pasó el tiempo, el tiempo vuela y en casa encontró calor.
Fue un hijo más que nos llenó de alegría y le dimos nuestro amor.
Carlos Alejandro es el nombre de nuestro hijo mayor,
Carlos Ernesto, el segundo y, sin hacer diferencias,
Le pusimos como nombre Carlos Alberto, el que hoy
Nos ha dado la alegría, nos ha dado la emoción
De poner frente a la puerta de la casa que le dimos
Chapa de bronce que ostenta, bajo nombre y apellido,
El título de Doctor.
29 de enero de 1972

Para mis hijos


En un día muy distante de este día
Y en un lugar distante, muy distante,
Quizá, hijos míos, recorráis mis páginas
Sin que pueda encontrarme yo delante.
Yo no quiero que así sea, os aseguro,
Mi ideal es guiarles de la mano,
Allanarles el camino de la vida
Y que seamos los tres, cual tres hermanos.
Mas no siempre los deseos se realizan,
No siempre los proyectos se concretan,
Muchas veces se esfuma en el espacio
La mejor intención y la más bella.
Pero si es que no puedo estar, si estoy ausente,
Sea cualquiera el lugar donde me halle,
He de estar con ustedes igualmente
Aunque ustedes no escuchen mi palabra.
Yo quisiera que Dios me prodigara
La ternura infinita del poeta
Y volcar para ustedes en los versos
Las más lindas palabras, las más bellas,
Las que puedan llegar a vuestras almas.
Y si aún ellas se encuentran indefensas,
Resguardarlas cual coraza protectora
Del viento, la marea y la tormenta.
Yo quisiera que Dios me prodigara
Aunque fuese tan sólo un instante
Como gracia postrera de la vida,
La virtud de escribir para vosotros
Aquellos pensamientos que se anidan
A veces en mi alma tormentosa.
Y que creo quizá les serviría
Como arma infalible, portentosa,
En los arduos camino de la vida.
Es difícil a veces, hijos míos,
Conducir el barco en las encrespadas olas,
Cualquier indecisión en el comando
Puede estrellarnos contra afiladas rocas,
Un golpe de timón mal dirigido
Puede hacernos heridas peligrosas,
Que sin herirnos de muerte, igual nos matan
Porque se hacen heridas venenosas.
Por eso es necesario, es inminente,
Saber lo que queréis y a donde vais,
Dar un paso adelante, equivocado,
A veces puede resultar fatal,
Y por más que existe el retroceso,
No podemos volvernos para atrás,
La conciencia que puede lastimarse
Suele ser muy difícil de curar.
Evitemos entonces lastimarnos
Y evitemos también el lastimar.
La conciencia transformada en enemigos
No prodiga descanso, calma y paz
Y vive atormentando, mientras vive,
Cualquier instante de felicidad.
Tratad de comprender al semejante,
Tended la mano al que caído está,
No empujéis con el pie al que vacila
Ni despreciéis al que ha pecado ya;
Todos, mis hijos, por un mandato expreso,
Nacemos llenos de virginidad,
Luego la vida por circunstancias mismas
Suele quitarnos más de lo que da.
Y si nadie se acerca a cobijarnos
Seguiremos pecando en el pecar.

11 de noviembre de 1967

jueves, 27 de septiembre de 2007

TU RECUERDO

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Ayúdame, Señor

Ilumina a mi alma atormentada,
Sólo encuentro un camino.
Ayúdame, Señor, te lo suplico,
En nombre de mis hijos.
Dios, tu Padre inmortal
Te ha precisado,
Tú de Él también necesitaste,
Por eso el sacrificio que Tú has hecho
En nombre de tu Padre.
Yo sé también que los pequeños míos
Necesitan de mí,
Mas sólo puedes con milagro infinito
Lograr que pueda,
Mustia y helada el alma, vivir así.
Ayúdame, Señor, te lo suplico,
Para poder seguir
En el lugar que quieras o precises,
No te olvides de mí.

14 de marzo de 1972

martes, 25 de septiembre de 2007

Tú me llamas

Tú me llamas en la noche por teléfono
Cuando junto a mí, amor, te estoy soñando,
Cuando en el cielo celeste se refleja la palidez de la luna
Iluminando el camino feliz para el poeta,
Que en el silencio de la noche te está amando.
Tú me llamas y entonces me despiertas.
Tú me llamas y entonces sufro tanto…
¡Qué distancia, amor, que nos separa!
Y qué corta es en mi sueño esa distancia.
Y sufro en mi soledad esa condena,
Mas sufro también, amor, si no me llamas.
Y si estás sufro, amor, porque estás cerca.
Y si no estás sufro, amor, porque me faltas.

18 de octubre de 1954

lunes, 24 de septiembre de 2007

Regresa

Que hará mi sueñito amado
Mientras yo lo estoy pensando.
¿Soñará sólo conmigo?
¿Quién pudiera adivinarlo?

Quién pudiera ser un pájaro
Para cruzar el espacio
Y poder junto a su vera
Con un canto despertarla.

Amada, mi dulce amor,
Dueña de cada mañana,
Regresa pronto, mi vida,
Que sin ti la luz se apaga.



9 de octubre de 1955