Letras y Cuentos de mi Sangre: otros autores
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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Tus besos

Si un día no estuvieras es probable que me pusiera a reflexionar, acurrucada en algún lugar oscuro, entre copas...

¿Dónde van a parar las cosas o personas que no están más con nosotros? Los besos... Besos especiales que no eran ni tan sólo suaves (pero eran suaves y delicados como una alfombra persa), ni tan sólo apasionados (pero urgían de pasión como un espada en la batalla), besos pequeños y gigantescos pero, sobre todo, con sabor a paraíso.

Si son los besos la puerta del alma, los voy a extrañar para siempre. Sin protestar. No como un tesoro perdido sino como un paisaje maravilloso del cual he extraviado la dirección, el lugar adonde un día (¿el último día?) quisiera regresar.

jueves, 19 de mayo de 2011

Tres cigarrillos

Otoño suntuoso, el viento solemne susurra un Te Deum.

Una noche hermosa. Acaban de chatear ávidamente. Más abrigado que de costumbre, Mateo recorre las calles desiertas en busca del único que puede darle una mano. Se trata de... llamémoslo Fabrizio, un... "Solucionólogo". Vive en la calle, acurrucado en un fogón resplandeciente que desafía el frío y el desamparo. Sus "pequeñas estrellas", como él llama a las chispas bienhechoras.

-¿Qué te trae por acá?

Mateo le cuenta, a través de la bufanda, la reciente conversación. Comparten un cigarrillo, el primero. Y, tras una larga pausa (los Solucionólogos suelen tomarse un tiempo...) dice Fabrizio:

-¡Bien! Ella ha vuelto a la vida. Por lo que me contaste en otros viajes, hacía falta un milagro... Empezamos bien, el milagro ya se ha instalado.
-Pues, sí. Ahora se anima a hablar de "vacaciones" y "noches en compañía"... ¡Es realmente un milagro!
-¿Quién lo hubiera dicho...? Ni yo apostaba al milagro y, si hubiera apostado... qué lástima... hubiera apostado... ¡un tarro de dulce de leche!

Fabrizio mira con simpatía el pequeño fogón y revuelve un poco las brasas.

-Seguro que ahora, cada vez que recibe un mensaje se irrita si no acarrea el nombre adorado. Si conoceré yo esa emergencia...
-Pero entonces... ¿qué te preocupa, Mateo?

-Su MIEDO.

-¿Miedo de qué? ¿Los enamorados tienen miedo?

-Algo de su miedo me ha contado. Que el sapo, que el ogro...

-Mateo -dijo el Solucionólogo- al igual que en las fábulas de reinados y estanques, tu Princesa tiene miedo pues el miedo oculta el dolor.

-¿Qué dolor?

-El dolor de la ausencia.

-¿Cómo sabés que me ha descrito una historia de ausencia?

-Ah... El amor está teñido de ausencias. Aunque estén a centímetros de distancia... es como el aire que no se puede dejar de respirar. El amor nos hace cometer locuras. Yo las hubiera cometido todas, de haber tenido dinero.


Entonces Fabrizio escribió en un papelucho manchado: "MIEDO, LOCURA, MUERTE" y lo arrojó a la fogata, que lanzó un penacho de luz. Luego, al calor del segundo cigarrillo, retomó la palabra:

-El miedo es un freno a la hora de tomar decisiones. Qué alivio disponer de una barrera que nos evite los grandes dilemas ¿no te parece? Miedo a equivocarse, a ilusionarse o incluso a decepcionarse. Temer ser tonto porque uno ha idealizado al otro excesivamente.
-¿Qué puedo decirte, Fabrizio? Sabés cuánto la quiero. La cuido, aún sin que ella lo sepa, en todas las paradas de colectivo.

-Decile que sueñe sin límites, que sienta sin rubor y... que escriba. En este período de distancia, las palabras no son enemigas sino amables cómplices. Que haga... una HOJA DE RUTA. Sí, eso le va a quitar el miedo.


Fumaron el tercer cigarrillo y Mateo se zambulló en las calles oscuras procurando, esa noche, soñar con ella.



miércoles, 30 de marzo de 2011

La danza de los copos



En el aire no se distinguen partes.

La lluvia es un pasadizo hacia la materia y sus infinitos bordes. En la nieve bailan, confundidas, la materia y su esencia.

Los copos dan volteretas, chocan entre sí como borrachos afables, se rozan cual adolescentes primerizos... y danzan. No alcanzo a ver si coquetean entre sí en este ballet cadencioso apenas cubierto con el tul de un silencio blanco.

Algunos quedan prendidos en los arboles... copos en las copas... como la huella delicadamente húmeda de un beso reciente.

Si sigo con mirada tenaz el vuelo frágil de un copo, en ese instante SOY ese fragmento de algodón que se desliza por un tobogán enguantado. Quiero ser parte de la fiesta pero, en cada intento de acercarme, me alejo un poco más.

viernes, 9 de julio de 2010

Volar

(Humilde homenaje a Peter Pan)



"Vayamos a volar", me dijo el niño
Y lo dijo con tal convencimiento
Que, cuando comenzaba a contestarle,
Abrió sus brazos y se perdió en el viento.

"¡Vayamos a volar!" gritó de nuevo,
Pero ahora arriba de una loma .
Yo intenté disuadirlo de la idea
Y otra vez escapó con mil palomas.

"Vayamos a volar, no tengas miedo"
Volvió a repetir casi impaciente.
Le respondí: "Dejáselo a las aves...
...nosotros no volamos, somos gente".

Sentí su carcajada de lo alto.
Se burlaba de mí desde una nube,
Hizo cuatro piruetas en el aire
y me dijo "no tengas miedo, sube".

¡Miren si estaba yo para piruetas!
Soy un hombre maduro e importante.
Murmuré entre dientes: "vuela solo"
Y por tierra seguí para adelante.

Cuando estaba llegando a mi oficina,
Entre el humo de tantos colectivos
Vi aparecer al niño que decía
"¿No quieres ser feliz? Vuela conmigo".

La gente miraba sorprendida,
Pensarían "es loco este mocoso",
Pero ninguno de ellos comprendía
Que volar es el sueño más hermoso.

Tiré el portafolios y la corbata,
Dejé los zapatos en el suelo
Y junté todo el valor que me quedaba.
En apenas dos saltos llegué al cielo.

Y miré las ciudades desde arriba
Y sentí que la piel se me bronceaba,
La brisa me soplaba en las mejillas...
Era un hombre, lo sé, pero volaba.

Cuando ya disfrutaba hasta el extremo,
El niño apareció a mi lado
Y me dijo que vuelva, que era tarde,
El recreo se había terminado.

Era cierto; los míos me esperaban,
Pero les juro que fue más trabajo
Que el echarme a volar al infinito,
Tomar valor para volver abajo.

Pero regresé igual; pese a todo
Está mi vida aquí en tierra firme.
Lo bueno fue aprender que siendo niños
Ni soñar ni volar es imposible.

¡Hombres tristes y serios e importantes
Escuchen a ese niño que los llama
Para dejar el piso por un rato
Y volar a lo alto de una rama!

Ese niño es el niño que ayer fuimos
Que nos invita a continuar soñando
Y a no perder jamás esa pureza
Que se nos duerme de tanto ir caminando.

Mírenme a mí si no, como he cambiado.
He perdido el temor y el egoísmo,
No pregunten por qué, queridos míos,
¡Ya sé volar, no puedo ser el mismo!

C.A.

domingo, 13 de junio de 2010

¿Te o café?

El Club solía estar desierto. Unos pocos socios tradicionales coincidían ocasionalmente en el austero salón principal. Eso sí, se repartían las tareas. Uno, las actas de reunión; otro, el archivo y las cuentas. Compartían, sin saberlo, un número creciente de suspiros semanales. Y si, por casualidad, el destino los cruzaba en el pasillo, nacían discusiones colosales.

¿IDEALISMO o REALISMO?
El Realista... mejor no decirlo, ¿acaso no conocemos todos su argumento?
El Idealista acusaba al Realismo de "subjetivo" por el solo hecho de llevar la contraria, una forma como cualquier otra de pintar esa variedad desconcertante de grises.

¿EXPRESAR o CALLAR?
Estamos en ese Club particular donde el amante que se expresa corre el riesgo de hacer el ridículo, saltar al vacío, desbarrancarse o simplemente convertirse en víctima de un silencio demoledor.
-Callar -decía uno- es más digno. Demuestra madurez, autocontrol, incluso estrategia y dignidad.
-Expresar -decia el otro- es correr más allá del orgullo y la susceptibilidad.
Pensaba, con la inocencia de Lutero, "aunque mañana fuera el día del Juicio Final, igual plantaría hoy los manzanos..."

¿AMAR o SER AMADO?
Dos enamorados, dos tontos atontados... eso es la reciprocidad. En cambio, en el orden universal, siempre hay uno que ama y otro que se deja (o no) amar y entones al menos uno está cuerdo y el mundo sigue funcionando.

Tonterías... Burbujas, nubes que se evaporan apenas esbozadas entre las madejas perezosas de un atardecer cualquiera. Mientras, en el Club, persiste la eterna rutina del desencuentro.

¿TE o CAFE ?

lunes, 10 de mayo de 2010

NO HI HA SOMNIS IMPOSSIBLES...

Te miro, Buenos Aires.
Mientras camino tus calles, te descubro.

De las incontables cúpulas que coronan esta ciudad maravillosa, tal vez sea ésta la más bella. Callada y serena, resplandeciente bajo el sol del mediodía.

Sus cientos de cristales espejados brillan como diamantes recién pulidos, parece joven pero no lo es. Quizá muchos no sepan que esta joya porteña alberga un dormitorio y en el último nivel se pueden observar las estrellas a través de un sofisticado telescopio. En la terraza, dos estructuras de hierro representan La Puerta del Dragón, perteneciente a la finca Güell (España) diseñada por Gaudí. También los ornamentos que embellecen su figura son réplicas exactas de las magníficas creaciones del arquitecto español.

Fue construida en 1907 por el ingeniero Rodríguez Ortega y ostenta el sello exquisito del estilo catalán.

Pero la influencia gaudiana no perdura tan sólo en la suntuosa belleza del edificio, en sus líneas características, en la riqueza de la ornamentación que durante tantos años resistió las inclemencias del viento, el sol y la lluvia. Si se alza la vista hacia la cúpula, es posible descubrir el simbolismo plasmado en esta obra admirable. Una sola frase lo resume todo y, en homenaje a Gaudí, aparece escrita en catalán:

“NO HI HA SOMNIS IMPOSSIBLES…”

"NO HAY SUEÑOS IMPOSIBLES…”

sábado, 13 de febrero de 2010

Vejez


Llegará un día en que mis piernas tambaleen.
Entre mis ojos y la copa de los árboles
contra el azul del cielo,
se extenderá la niebla.
Mis oídos serán obtusos a la voz de los demás
y no reconoceré el olor de los jazmines.
Mi mano no podrá tomar el lápiz,
las palabras tan amadas se irán a otra parte.
Ese día tal vez olvide el nombre de las cosas
y las calles se me harán laberinto.
Será esquivo el contacto de los otros
y recóndito el lugar en que me encuentre.
Cuando ese día llegue, preservaré de la catástrofe
la memoria de lo vivido,
las montañas que trepé y los caminos que anduve,
el Cerro de los Siete Colores
y los libros de Julio Verne,
el susurro de mi amor, el ladrido de mi perro,
y el Magnificat de Bach,
los cuentos de mi padre,
el aroma de los tilos de la Av. Montes de Oca
y el del bizcochuelo que hacía mamá.
Señalaré los objetos queridos,
redescubriendo el mundo a la distancia.
Si me pierdo, sabré que alguien vendrá a buscarme.
Abrazaré y besaré a lo loco,
y me asomaré del escondite de mi alma apenas me llamen.
Cuando llegue ese día, como ahora,
preferiré el agradecimiento al rencor,
y me declararé devota de la vida,
y no su víctima.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Una y mil noches… un amor de ensueño

Probablemente no se tocan desde hace meses. No se hablan. Conviven por inercia, por parálisis, con sabor a sequía.

Quizá Inés se despierta una noche, sobresaltada. Miguel, a su lado, glacial, escucha a regañadientes los sollozos.

Podría decirse que Diana ha tenido una horrible pesadilla y entonces, entre lágrimas, catapulta sus recuerdos. Se interrumpe así un silencio de meses seculares y Santiago no podría dejar de escucharla.

El sueño ha sido, seguramente, atroz. Laura, cubierta por un llanto que transforma en atrayente su obstinada fealdad, debe contar: “Eran tres hombres. Me perseguían en una callecita oscura. Yo corría desesperada y empezaba a perder mis ropas”. Alberto indudablemente trata de consolarla, con éxito raleado.

“Tres hombres”, gime Alicia. “Tres hombres encapuchados y robustos”. En una de ésas, Osvaldo, con inusual ternura, espía de reojo la frágil espalda de su compañera.

“Era en la esquina abandonada de Balcarce y Garay. Reconocí los escombros”, grita Ana. “No tenía escapatoria”.
“¡¡¡¿Balcarce y Garay?!!!”, estalla casi infaliblemente Adolfo. “Cuando me despertaste, yo estaba soñando justo con esa esquina maldita, siniestra. Vos corrías como una loca, huyendo de unos desalmados, casi desnuda. Por suerte llegaba yo y te salvaba”.

Susana, entonces, respira aliviada. Se adormece mientras Marco vela su marino abandono.

Carlos y María ya no se separan. A pesar de la orgullosa frialdad que mantienen de día, posiblemente por las noches continúan soñando un capítulo cada uno, completando así una historia de amor como pocas.

S.S. (Adaptación)

domingo, 18 de octubre de 2009

La leyenda del ángel llamado "Mamá"

Cuenta una antigua leyenda que un niño antes de nacer le dijo a Dios:

-Me dicen que me vas a enviar a la tierra, ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso que soy?

Dios le dijo:

-Entre muchos Ángeles escogí uno para ti que te está esperando, él te cuidará.
-Pero dime Dios, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
-Tú ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
-Y ¿cómo entender, Dios, lo que la gente me hable si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?

Dios le contestó al niño:

-Tú ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
-Y ¿qué haré, Dios, cuando quiera hablar contigo?
-Tú ángel te juntará las manitos y te enseñará a orar.
-He oído que en la tierra hay hombres malos… ¿Quién me defenderá?
-Tú ángel te defenderá aún a costa de su propia vida.
-Pero estaré siempre triste, porque no te veré más, Dios.
-Tú ángel te hablará de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia aunque yo siempre estaré contigo.

En ese instante una gran paz reinaba en el cielo, ya se oían voces terrestres y el niño presuroso repetía suavemente.

-Dios mío, Dios mío, si me voy dime su nombre, ¿cómo se llama mi ángel?

Dios le contestó:

-Su nombre no importa..... Tú le dirás... “Mamá”

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Metáforas para un buen lector

Horacio y Etelvina se amaban en secreto.
Una tarde de invierno descubrieron un valioso tesoro escondido en la oscuridad del ropero, un tesoro antiguo y maravilloso que hizo centellear sus miradas.
Horacio quiso ponerlo a salvo. Intuyendo cuánto le agradaría, Etelvina se procuró un cofre pequeño, lo bastante sólido para asegurar su inviolabilidad. Un cofre bonito para un tesoro aún más hermoso.
Lo cuidaron con esmero. Etelvina le entregó a Horacio una llave y guardó la suya celosamente. De común acuerdo, decidieron esconder allí sus cartas de amor, todas sus cartas. Eran felices.
Hasta que un día una nube tormentosa se posó sobre sus cabezas, sin darles tiempo a presentir el peligro. A partir de entonces, todo cambió.
Horacio y Etelvina pelearon como nunca antes, disgustados uno con el otro, sintiendo en los labios el venenoso sabor de la traición.
Pasó el tiempo. Ya no se hablaban.
Pese a todo, Etelvina continuó custodiando el tesoro. Si estaba de humor, lo pulía hasta sacarle brillo o lo acunaba al son de alguna bella melodía, recordando con nostalgia horas más dichosas. Él la dejaba hacer y, a su manera, seguía presente.
Pero entonces Etelvina supo que Horacio había entregado su llave a alguien más, alguien que ahora abría el cofre y revolvía sus cartas, puesto que el tesoro no le inspiraba más que vana curiosidad, apenas unos escasos segundos de atención. ¿Por qué…?
Etelvina sintió todo el peso de la amargura, quiso gritar y no pudo. Otras manos rebuscaban el secreto bordado en sus palabras, manos desprovistas de abnegación, manos sin amor.
Lloró apesadumbrada y su llanto inundó el paisaje. Entonces cerró el cofre por última vez, lo observó con tristeza y, sin pronunciar palabra, lo arrojó a las aguas. Flotó sólo un instante antes de hundirse para siempre entre remolinos de espuma.
Etelvina se fue lejos, abrazada a sus recuerdos. Horacio no ha vuelto a saber de ella.

MENTA

sábado, 15 de agosto de 2009

Cuento breve

Un señor mayor subió al colectivo. Era ciego.
Casi a media voz, en actitud respetuosa y humilde, atrajo en segundos la atención de los pasajeros.

-Yo no soy vendedor. No pretendo venderles nada. Tan sólo soy escritor… y abuelo. Quiero compartir con ustedes, si me lo permiten y es de su agrado, un cuento de mi autoría. Un cuento corto, sencillo. Porque mañana es el día del Abuelo, aunque muchos no lo recuerden. Gracias a todos por su atención. Que Dios los bendiga.

El cuento dice así:

La maestra de salita azul se planta frente a los chicos y pide silencio:
-Chicos, chicos, por favor, hagan silencio que quiero decirles algo muy importante. Hoy vamos a hablar del abuelo y cada uno de ustedes me va a decir qué es un abuelo. ¿Entendieron?
-¡¡¡Sí!!! –contestan todos a coro.
-Y… un abuelo es un abuelo –dice con seguridad un nene de adelante.
-Es un señor que, como no tiene hijos chiquitos, usa los de los demás –agrega otro.
Y así continúan uno a uno.
-Es un señor viejito que ni siquiera puede correr como nosotros.
-Es alguien que no nos dice “¡Apurate!”
-A veces es la voz del otro lado del teléfono que me dice “Hola, mi chiquito”.
-Es una persona que tiene todo el tiempo del mundo y sólo está ocupado cuando hace cosas conmigo.
-Un abuelo es una abuela pero hombre (risas)
-Es alguien viejito que no se puede ni agachar pero así y todo hace un esfuerzo enorme y se agacha para atarme las zapatillas.
-Es el que no le importa contarnos el mismo cuento muchas veces.
-Es el que cuando salimos a pasear con él, se detiene para enseñarnos cosas locas como bichitos raros o un ciempiés de muchos colores.
-Es alguien que todo el mundo tendría que tener.
Cuando todos terminaron, la maestra los mira con ternura y les dice:
-Tomen este papel y péguenlo en el cuaderno.
Allí decía: “Érase una vez un lobo bueno al que maltrataban todos los corderos. Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa, un pirata honrado y además un abuelo sin dolores, con memoria y que podía correr. Todas esas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés”.

(El señor del colectivo… No sé su nombre)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Al Poeta

Sólo bastaba con quitar el polvo y poner un poco de orden, algunas cosas se perdieron sin remedio, otras yacían olvidadas, mustias, esperando algún día ver la luz o desaparecer para siempre.
Un tesoro… Lo supe en cuanto lo vi, aquella vez, solos, el día del antes y el después. Preguntó si me aburría, quizá porque me vio callada y con la mirada ausente. ¡Nada de eso! Mientras escuchaba su voz tan cerca de mí, pensaba la forma de dar vida a las palabras que alguien, mucho tiempo atrás, susurró con dolor ante un papel manchado de lágrimas. Resucitar la obra de un Poeta ignorado que amó, rió, lloró y murió en soledad, regando el camino con su canto triste, melancólico, añoranza de tiempos más felices, noches de luna llena y sueños apasionados.
Tuve que contenerme para no dar rienda suelta al entusiasmo, recorría las páginas sin animarme a preguntar, quería ver más allá, saber qué pensaría si… No me atreví a más, él no conocía mi mundo, no lo imaginaba siquiera, hubiera resultado disparatado hablar de esas cosas.
Sin embargo fue ese mismo día, en el viaje de vuelta a casa, cuando mi cabeza se llenó de buenos propósitos, ideas, colores y sueños. Una tarea laboriosa que emprendí con gusto, me hacía feliz, muy feliz. Los versos del Poeta me abrían la puerta a un mundo nuevo, una vida en que el amor y el dolor se entrelazaban en una danza sin fin, a veces quejumbrosa, a veces llena de júbilo.
¿Habrá querido ser leído? ¿Para quién escribía, en realidad?
Tantos “Si supieras…” diseminados en su obra parecen gritar a las claras cosas que alguien debió escuchar en otro tiempo y lugar. Cosas que quizá nadie escuchó.
Ese capricho egoísta del escritor que pretende ser interpretado sin necesidad de explicar… Bellas metáforas, párrafos herméticos, silencios que el lector es incapaz de comprender.
De algún modo me siento cerca de él, puedo compartir la tristeza y la soledad, la frustración, el desamor y también la belleza y la ingenuidad de sus palabras. Su obra es para mí un tesoro valiosísimo, por muchos motivos. Soy feliz reviviendo un pasado que me estremece desde lejos, palabras que me reconfortan y me llenan. Imagino su voz resonando en una habitación vacía, susurrando un nombre, esperando a quien no volverá, rezando y maldiciendo hasta perder el sentido y la esperanza.
A veces sueño que todo es distinto y posible, pero es sólo un sueño y en eso nos parecemos, porque soñar es el mágico arte de ver la luz rasgando las tinieblas, dejar que un soplo de libertad acaricie el rostro, es volver a empezar una y otra vez, es sentirse vivo.
El Poeta vive entre nosotros, sus palabras no han perdido fuerza ni vigencia, leerlo es siempre un volver a empezar.
Mi humilde homenaje… porque así lo siento, porque es parte de mí.

domingo, 12 de abril de 2009

Una plegaria


Señor, haz de mí un instrumento de tu paz...

Que donde haya odio, ponga yo el amor
Que donde haya ofensa, ponga yo el perdón.
Que donde haya discordia, ponga yo la unión.
Que donde haya error, ponga yo la verdad.
Que donde haya desesperación, ponga yo la esperanza.
Que donde haya tinieblas, ponga yo tu luz.
Que donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh Maestro!
Haz que yo no busque tanto ser consolado, como consolar.
Ser comprendido como comprender.
Ser amado, como amar.
Porque dando, se recibe.
Olvidando, se encuentra.
Perdonando, se es perdonado.
Muriendo, se resucita a la vida eterna.

San Francisco de Asís

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Sobre las relaciones personales

Sobre las relaciones personales y el respeto con el prójimo, dicen las diferentes culturas y religiones:

Dice El Brahmanismo...
“Ésta es la suma del deber: no hagas a otros lo que te produciría dolor que te hicieran a ti”.

Dice El Budismo... “No lastimes a los otros de la forma en que a ti te lastimaría”.

Dice El Cristianismo...
“Cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos”.

Dice El Confucianismo...
“Haz a los otros lo que tú desearías que te hicieran”.

Dice el Islam...
“Ninguno de vosotros es un creyente hasta que desee para su hermano lo que desea para sí mismo”.

Dice el Judaísmo...
“Lo que te es odioso no se lo hagas a tu prójimo. Ésa es toda la Ley, el resto es comentario.

Dice El Taoísmo...
“Considera el beneficio de tu prójimo como tu propio beneficio y las pérdidas de tu prójimo como tus propias pérdidas”.

Reflexiones (Milenium… Un punto de encuentro para todos)

jueves, 29 de mayo de 2008

Letras y cuentos

Había una vez una princesa solitaria que gustaba de leer historias de amor y espadachines heroicos. Leía sin tregua, a toda hora y en todo lugar. A veces también cantaba. Hablaba poco pero sabía escuchar y, cada tanto, aconsejar.
La princesa vivía una vida pacífica y un tanto aburrida en su castillo solitario, suspiraba con nostalgia evocando recuerdos felices, viendo transcurrir las horas, los días, los años…
Quiso la suerte que una bruja tan vieja como sabia le enseñara los augurios de la bola de cristal. Supo entonces que sufriría grandes dolores, que transitaría un laberinto de soledades y decepciones hasta el día en que el amor verdadero inundara su corazón.

-Llegará en el momento preciso.
-Pero… ¿cómo voy a reconocerlo? –preguntó confundida la princesa.
-A través de sus ojos verás un alma hermosa que te necesita y te amará tanto como tú a él –contestó la bruja.


Temprano por la mañana, la princesa escrutaba el horizonte desde la ventana más alta del castillo, dando vueltas y más vueltas al enigma. Pero ni rastro del amante esperado...
Viajó por lugares lejanos, organizó fiestas y torneos y hasta ofreció recompensas valiosísimas. Pero el amor se volvía cada vez más esquivo.
Con el tiempo comenzó a dudar, se encerró en su castillo donde entristeció de soledad y ya nadie volvió a escuchar su alegre canto.
Hasta que un día, de improviso, alguien golpeó a su puerta. La princesa no quiso abrir, temerosa de otra desilusión. Pero él, que era un príncipe simpático y testarudo, insistió.
Golpeó más fuerte, pegó patadas y gritó. Y tanto pero tanto escándalo armó que la princesa no resistió más y, con grandes muestras de curiosidad y expectativa, lo invitó a entrar.
Se miraron un rato largo…
“A través de sus ojos…”
Él la tomó de la mano, la atrajo hacia sí y murmuró palabras que sólo ella escuchó.
Fue como si el sol brillara más fuerte, como si de pronto todos los pájaros del mundo cantaran al unísono… El amor verdadero había abierto las puertas de su corazón y la princesa, radiante de felicidad, se refugiaba en brazos de su amado deseando nunca más despertar de sueño tan hermoso.
Y fueron felices, comieron volcanes de chocolate y ahora cantan juntos las más lindas canciones de amor.

viernes, 11 de abril de 2008

Eternamente



Si me faltaras no voy a morirme,
si he de morir quiero que sea contigo.
Mi soledad se siente acompañada,
por eso a veces sé que necesito
tu mano, tu mano,
eternamente tu mano.


domingo, 23 de marzo de 2008

Soneto


No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

lunes, 22 de octubre de 2007

Historia de un amor que terminó

Es sabido que cuando un amor termina difícil es volver a empezar. Difícil volver a creer y confiar, difícil olvidar y perdonar. Pero tarde o temprano el tiempo borra las marcas, mitiga el dolor y ayuda a ver las cosas desde otro plano. Aunque ese amor se haya ido abruptamente, sin explicaciones ni reclamos… casi como leer un libro y quedarse con las ganas de saber el final.
Pero fue un gran amor. Eso dicen…

“Durante mucho tiempo esperé una palabra que me ayudara a cerrar esta historia. Pero entendí que no hay lugar para la charla y lo acepto, no quiero comprometerte. No hay rencores ni reproches. No nos debemos nada. Sé que estás muy bien. Encontraste a la persona que te hará feliz, te amará, te cuidará y te brindará todo lo que necesites. Nada te hará falta de ahora en adelante. No podía ser de otra forma porque sos una gran persona y merecés lo mejor. Y lo mejor te está pasando hoy.
Por el amor que alguna vez nos unió sólo pido que no te escondas cuando me ves, ni escapes de mí como si temieras un castigo o una vergüenza. Deseo que seas feliz, lo deseo de corazón con la misma generosidad que tuviste siempre para conmigo. Y quiero que sepas que estoy a tus órdenes cuando me necesites, como esos grandes amigos con los que uno siempre puede contar”.



Los que hemos sufrido grandes dolores y pérdidas y conocemos la sensación de ahogo que produce tanta tristeza, angustia y soledad, también aprendimos a esperar, somos pacientes… Y llegará el día en que todo nos parezca lejano, una imagen estática de lo vivido. Y entonces renaceremos en un sentido más perfecto, menos vulnerables. Un día el tiempo será el cristal a través del cual evocaremos el recuerdo con una sonrisa.

lunes, 8 de octubre de 2007

El Fantasma del Centro Gallego de Buenos Aires

Alrededor de 1984, un neumotórax espontáneo me sumió en una permanencia hospitalaria de un mes y medio, en una de las salas del segundo piso del Centro Gallego de esta ciudad. El médico a cargo salteó la intervención quirúrgica y, mediante un reposo controlado, devolvió mi pleura pulmonar a su lugar.
O sea, que mi estadía en el ámbito hospitalario, aparte de la cotidianeidad de los chequeos médicos, consistió en desayunar, almorzar, merendar, cenar, descansar y contemplar el medio que me rodeaba.
El bibliotecario de la institución de aquel entonces, el gallego Rodríguez, era amigo mío, y éste para amenizar la dimensión de mi estadía en aquel lugar, me prestaba libros. En su mayoría de y sobre Castelao. Paralelamente, a un par de salas de distancia de la que yo me encontraba, estaba aquélla en la que había fallecido Castelao, convertida en habitación-museo. En una vitrina se veían, entre otros objetos, las máscaras que este hombre había construido con fines teatrales y el espectáculo que daban esas máscaras se convirtió en mi dieta visual cuando los terapeutas me indicaron empezar a caminar y pasear por los corredores del piso.
Las noches del Centro Gallego estaban colmadas de fantasmas. A una hora imprecisa que rondaba las tres de la mañana, cuando se escuchaban alaridos y llantos, de pronto todo se sumía en un silencio irreal. Los fantasmas que se asomaban en esos momentos generalmente tenían aspecto de mujeres vestidas de negro, con rostros pálidos y dulces. Aparecían por detrás de la mampara que me separaba de mi vecino de cuarto y al verme sonreían, reconocían que no era a mí a quien venían a buscar, y desaparecían.
Una noche se me apareció el fantasma de Castelao. Salió del baño que quedaba frente a mi cama, con el gesto afable y compinche de quien acaba de orinar. Inmediatamente empezamos a compartir el tiempo como viejos amigos. Sus visitaciones se repitieron un par de veces más durante mi terapia, charlamos de todo un poco, jugamos a la brisca, nos contamos nuestras vidas…
Como sin darnos cuenta ni el uno ni el otro, él me reveló los misterios concernientes a ser un gallego porteño.
El fantasma es un amigo.

Relato de Yoel Novoa
“La noche de los museos” - Octubre 2007
Museo de la Emigración Gallega