Letras y Cuentos de mi Sangre

martes, 9 de octubre de 2007

Tengo envidia, odio y celos


Tengo envidia del viento porque puede
Brindarte a su antojo sus caricias,
Tengo odio del sol porque te besa
La suave piel que un día fuera mía.
Siento celos del agua porque juega
Como jugara yo contigo un día
Y mezclándose en medio de tu pelo,
En tus carnes rosadas se desliza.
Quiero ser el perfume que tú usas,
Lápiz de labios que tu boca pinta,
El esmalte que pones en tus uñas
Y el género sutil que te perfila.
Tengo envidia del mar que con sus olas
Jugando con él, te arrastra y tira.
De la arena que pisas, de las piedras
Que aún lastimando te acarician.
Siento odio de todo el que te mira
Pues puede acariciarse con la vista.
Tengo celos del que puede murmurarte
Cualquier palabra, cálida o fría.

24 de enero de 1972

lunes, 8 de octubre de 2007

El Fantasma del Centro Gallego de Buenos Aires

Alrededor de 1984, un neumotórax espontáneo me sumió en una permanencia hospitalaria de un mes y medio, en una de las salas del segundo piso del Centro Gallego de esta ciudad. El médico a cargo salteó la intervención quirúrgica y, mediante un reposo controlado, devolvió mi pleura pulmonar a su lugar.
O sea, que mi estadía en el ámbito hospitalario, aparte de la cotidianeidad de los chequeos médicos, consistió en desayunar, almorzar, merendar, cenar, descansar y contemplar el medio que me rodeaba.
El bibliotecario de la institución de aquel entonces, el gallego Rodríguez, era amigo mío, y éste para amenizar la dimensión de mi estadía en aquel lugar, me prestaba libros. En su mayoría de y sobre Castelao. Paralelamente, a un par de salas de distancia de la que yo me encontraba, estaba aquélla en la que había fallecido Castelao, convertida en habitación-museo. En una vitrina se veían, entre otros objetos, las máscaras que este hombre había construido con fines teatrales y el espectáculo que daban esas máscaras se convirtió en mi dieta visual cuando los terapeutas me indicaron empezar a caminar y pasear por los corredores del piso.
Las noches del Centro Gallego estaban colmadas de fantasmas. A una hora imprecisa que rondaba las tres de la mañana, cuando se escuchaban alaridos y llantos, de pronto todo se sumía en un silencio irreal. Los fantasmas que se asomaban en esos momentos generalmente tenían aspecto de mujeres vestidas de negro, con rostros pálidos y dulces. Aparecían por detrás de la mampara que me separaba de mi vecino de cuarto y al verme sonreían, reconocían que no era a mí a quien venían a buscar, y desaparecían.
Una noche se me apareció el fantasma de Castelao. Salió del baño que quedaba frente a mi cama, con el gesto afable y compinche de quien acaba de orinar. Inmediatamente empezamos a compartir el tiempo como viejos amigos. Sus visitaciones se repitieron un par de veces más durante mi terapia, charlamos de todo un poco, jugamos a la brisca, nos contamos nuestras vidas…
Como sin darnos cuenta ni el uno ni el otro, él me reveló los misterios concernientes a ser un gallego porteño.
El fantasma es un amigo.

Relato de Yoel Novoa
“La noche de los museos” - Octubre 2007
Museo de la Emigración Gallega

domingo, 7 de octubre de 2007

Cómo te estoy esperando...


¡Cómo te estoy esperando!
¡Qué ganas tengo de ti!
¿Por qué no remontas vuelo
Y ya vienes junto a mí?

Óyeme, ¿no ves que sólo
De pena puedo morir?
¡Quítame de esta agonía,
Yo me curo junto a ti!

¿Te espero? ¿Llegas ahora?
¿Verdad que no tardarás?
Hoy ¿recuerdas? cumplo años.
¿Me vas a felicitar?

Sí, ya sé, está en el espacio
Tu voz llegando hasta mí.
Esperas que sea la hora
Y yo sólo te espero a ti.

7 de Octubre de 1955

viernes, 5 de octubre de 2007

Ciudad de ángeles

¿Sabrías cómo me llamo
si te viera en el cielo?

miércoles, 3 de octubre de 2007

MIS POESÍAS


Para que tú me leas un día y me recuerdes
Es que quiero dejarte, mi amor, estas poesías.
Un día he de partir, todo se muere…
Ellas han de durar más que mi vida.
Ellas han de evocarme en tu recuerdo
Cuando recorras mis páginas queridas,
Cuando recuerdes lo que yo he sufrido,
Cuando descubras mis lágrimas vertidas.
Cuando a solas contigo te preguntes,
Escuchando una suave melodía,
¿Por qué no estará él para escucharla?
Tendrás para entonces, amor, estas poesías.
Si, cuando yo ya no esté, un día
Tienes ganas de llorar enloquecida,
No esperes que yo venga a consolarte,
Te dejo para entonces mis poesías.
Ellas han de vibrar cuando tú quieras,
Ellas han de surgir cuando tú digas,
Ellas han de morir cuando tú mueras
Y han de vivir, amor, mientras tú vivas.
Las tendrás cuando tú las necesites
Para alivio de tu grande soledad.
Si así no fuere, amor, que no palpiten
Cuando mi cuerpo no palpite ya.

25 de Mayo de 1955

lunes, 1 de octubre de 2007

El camino de la vida

Cansado de caminar de la vida su camino,
Hice un alto no sé dónde y allí me quedé dormido.
Soñé cosas tan hermosas, vi paisajes tan lindos,
Que más tarde al despertar quedé gravemente herido.
Ya no podré más correr aquellos lindos caminos.
Ya se hizo mi vida sombra y con ella todo se ha ido.
Ya quedé en la vida muerto y perdido en el camino,
Camino largo que a veces nos ha asignado el destino.



9 de Agosto de 1956